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¿Quién eres cuando no haces nada?

Actualizado: 30 abr 2021


Y de pronto una pregunta incómoda que nos toca responder: ¿quién eres cuando no haces nada?.


Seguro te estarás preguntando, ¿qué tiene que ver el título de blog con la foto de El Gladiador? Te invito a que continúes leyendo y te aseguro que todo te hará sentido, y más de lo que crees.

Hoy estoy aquí para compartirte una experiencia personal, que llegó para ponerme un alto a un estilo de vida tan acelerado que llevaba, enseñarme que no necesito hacer para ser y replantearme cómo quiero seguir viviendo, por que claramente mi estilo de vida ajetreado y acelerado me llevó a estar en cama 4 días sin poder caminar, ni hacer mucho. Y así que aquí, desde mi cama te comparto mi aprendizaje por que estoy seguro que hay muchas más personas cómo yo, que no podemos parar de hacer, hasta que nuestro cuerpo nos obliga.


Hace unos meses comencé mi maestría en Desarrollo Organizacional, mientras llevaba un trabajo de tiempo completo. Todo iba bien, aunque poco a poco yo sentía cómo la carga de trabajo se acumulaba, la tensión se hacía presente en mis hombros y cuellos, pero no le di mayor importancia.


Los días continuaron y un día, en mi clase de Introducción a la Comunidad de Aprendizaje, mi maestra la Dra. Patricia Nuñez, nos contó una anécdota que me dejaría pensando y me tocó algunas fibras pero no lo suficiente para hacer un cambio. Ella nos compartió la reflexión del gladiador. Comenzó lanzando una pregunta al grupo: ¿ustedes darían la vida por la empresa por la que trabajan, así cómo los gladiadores la daban por el emperador?. Todos contestamos que no, a lo que ella nos dijo: y sin darse cuenta, ya están dando la vida por sus empresas. Esto no me hizo sentido, pero ella continuó explicando: así es, ¿cuántos de ustedes no se han enfermado por estrés laboral? O ¿cuántos de ustedes trabajan más de 8 horas al día? . A lo que muchos respondimos afirmativamente y ella concluyó: y así, sin darse cuenta, poco a poco van dando su salud y su bienestar por el emperador.

Esto para mí se me hizo muy fuerte, aunque dentro de mí, sabía que había algo (o mucho) de verdad en esto que ella nos invitó a reflexionar. Concluyó invitándonos a que nos replanteáramos nuestras vidas y que aprendiéramos a disfrutar y tratar de llevar un balance más sano. Me hizo sentido pero cómo dicen, del dicho al hecho hay mucho trecho, la clase terminó y con ella esta reflexión.


La semana pasada, tuve una semana excesivamente pesada de trabajo, me desvelé en el fin de semana y comencé el lunes haciendo ejercicio. Con desvelo, cansancio acumulado, más de 10 horas de pantalla diaria y ejercicio a un cuerpo cansado, mi cuerpo tronó. Al día siguiente tuve un evento de migraña vestibular. No podía caminar, ni abrir los ojos por que todo me daba vueltas, en pocas palabras los peores mareos de mi vida. Tuve que irme gateando al baño y de ahí pedir ayuda a mi familia para que me llevarán con algún doctor.


Afortunadamente, tenemos un amigo que es Doctor especialista en vértigo (mareos) y me llevaron con él de emergencia. Me fui gateando al auto y sin abrir los ojos por que mi cuerpo no podía más. Me inyectaron un par de medicamentos para bajar los mareos y el malestar, y un par de horas después pude consultar con el Doctor.


En resumidas cuentas, llevé mi cuerpo al límite, le exigí de más y mi cuerpo me recordó que no soy invencible y que necesito descanso. Esto me recordó a una frase que los romanos utilizaban cuando un general desfilaba por las calles, un siervo le gritaba: Hominem te esse memento! (Recuerda que eres un hombre). Con el afán de recordarles que eran humanos y no dioses.


Y hoy, esta frase me la recordó mi cuerpo. En ocasiones, me creo invencible, me lleno de actividades, me cargo de trabajo, me saturo de emociones y no las trabajo, le exijo a mi cuerpo ejercicio, ¿y cómo resultado? Una pausa obligada.


Ayer le conté a un muy querido amigo mi situación, con el afán de comenzar a vaciarme de mis emociones, de compartirlas y buscar compañía, y él me compartió una pregunta que su psicóloga le hizo alguna vez: ¿quién eres cuando no haces nada?. Mi amigo me regaló esta pregunta y me invitó a que yo

mismo me la contestara. Al meditarla un poco, me doy cuenta que si, yo me he cargado mucho la espalda, pero no soy el único personaje de la historia.


Vivo en un entorno donde estamos cargados de estímulos, dónde se aplaude el hacer, donde aquella persona que más trabaja es la más exitosa, vivo en un entorno donde erróneamente vendemos el mensaje de que la persona que hace más, es más, y entonces repito la pregunta: ¿quién eres cuando no haces nada?.


En un mundo donde el hacer compulsivo dicta las tendencias y los ritmos, resulta mas crucial que nunca responde esta pregunta y atrevernos a ir a un ritmo que vaya de acuerdo con nuestra salud. Atrevernos a hacer por convicción y no por inercia. Atrevernos a cuestionar y renunciar a aquello que no vaya de acuerdo con nuestro bienestar. En un mundo donde la conexión virtual está más viva que nunca y la desconexión de nosotros mismos con nuestro cuerpo y nuestro ser, resulta vital responder la interrogsnte.


Más allá de plantear una solución a esta pregunta, solo busco dejar aquí el cuestionamiento y que así cómo yo estoy buscando responderla por mi cuenta y con ayuda de mis seres queridos y recursos que me ayuden a vivir de una manera más sana, te la hagas tú también. Si te sientes agobiad@, cansad@, agotad@, hart@, tal vez haya algo que necesites soltar, algo que necesites hablar, tal ve tu cuerpo te necesita.


Comencemos por lo simple. Dormir lo que nuestro cuerpo necesita, hablar nuestras emociones, regalarnos un descanso, disfrutar de la naturaleza.

Cómo siempre lo he dicho, si queremos cambiar el mundo, comencemos por nosotros mismos, y si nuestro cuerpo no está sano, ¿cómo podemos estar bien para los demás?.


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